VIOLENCIA DE GÉNERO: alguien que les saque los fósforos a los piromaníacos

Written by Debora Dora. Posted in Feminismo in your face

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Las que me han escuchado hablar sobre medios de comunicación alguna vez saben que siempre caigo en el mismo ejemplo. Sí, he hecho mención alguna vez. Posiblemente alguna persona se esté cayendo en un pozo en este mismo momento. Quizás algún noticiero lo reporte, quizás no. Quizás hoy sea un día de pocas noticias, de esos días en los que el único titular que merece difusión es “Pepy el perrito chiguagueño que voló una avioneta” (me acuerdo de ese capítulo de La Niñera y todavía me río). Entonces si justo ese día alguna persona poco afortunada tiene la mala suerte de caerse en un pozo, las cámaras estarán sobrevolando el lugar en pocos segundos. Claro que si al otro día otro poco afortunado tiene el mismo destino, la cobertura será superior.
Las caídas en pozos parecen ser una epidemia una vez que algún noticiero cubre la noticia, algo similar ocurre con la caída de los balcones en nuestra querida ciudad de Buenos Aires. Si escuchas que algún pedazo de mampostería mató a un pobre transeúnte, te recomendaría que por los próximos tres o cuatro días no salgas a la vía pública, al menos hasta que pase el virus, o que sea sábado o domingo y no haya noticieros en los canales de aire.
En este primer mes que va del año me di cuenta de que hay tres tendencias. Sí, se han venido los colores pastel y el pelo corto (debo decir que ahora @Debora_Dora está in… algo que no le gusta mucho), y también se han puesto de moda los rayos. Sí, sí, los rayos, como si hasta el 2010 ningún rayo hubiera caído sobre la faz de la tierra, ahora cada vez que hay tormenta los canales tienen a los pobres cronistas esperando que un rayo caiga y fulmine a algún distraído.
Pero hay otra noticia que irrumpió en algunos noticieros. En realidad no es una sola, son varias, aunque podrían ser la misma, porque parece que como copycat los hombres son poco originales y no hacen más que recaer en el mismo error. No hablo del error de matar una mujer, eso no es un error, eso es un horror. Hablo del método. ¿Pueden ser menos originales? ¿Pueden ser tan básicos? Me estoy refiriendo a que cada dos días desayuno con la noticia de que una mujer ha sido prendida fuego por su marido, concubino, novio o ex pareja. Sí, prendida fuego. No, no tuvieron todas estas féminas la desgracia de convivir con piromaníacos, tuvieron la desgracia de conocer cretinos.
¿El fuego se ha puesto de moda? Tal vez, porque en realidad no es la primera causa de muerte de las mujeres que son víctimas de la violencia de género. Pero parece que es la que estos imbéciles piensan que es la que menos dejará rastros. En fin… No, idiotas, no lo es. Pero para qué gastarme en hablar con imberbes sin cerebro, ¿no?
Aún creo que hay hombres decentes en este mundo. Muchos de ellos probablemente ocupen algún puesto de funcionario, ya sea en el gobierno nacional, en el provincial o en el municipal. Ya sea en la Legislatura, en el Congreso o en el Palacio de Justicia. Y ahora me pregunto, mientras que las bestias matan mujeres, ¿qué hacen los decentes? ¿Qué hacen las otras mujeres (porque sí, también hay mujeres en altos cargos) que tienen la suerte de no convivir con salvajes o que tienen la suerte de ser más fuertes que muchas otras mujeres? Porque digo… los crímenes de género siguen creciendo. Según el Informe de Investigación de Femicidios en Argentina, el año pasado (2010) se ha registrado un aumento del 12,5 % en muertes de mujeres por violencia de género. No me importa el porcentaje realmente, son solo números. Contemos las vidas que se han perdido. ¿Cómo puede ser no solo que no disminuyan los casos, sino que además aumenten tanto?
¿Qué hacen los organismos? ¿El gobierno? ¿Se llenarán la boca los políticos que empiezan sus campañas en la carrera por las presidenciales? Es cierto, hay muchas asociaciones que se rompen el… el… el alma todos los días recaudando fondos, imprimiendo volantes, reclutando profesionales que puedan ayudar. Y sirve, claro que sí, pero ¿cómo lograr que una mujer a la que su marido usa de puchinball confíe en el sistema? No es fácil, no es fácil cuando se enteran que muchas de las víctimas que pasan a engrosar las estadísticas han hecho una, dos, tres o más denuncias. Denuncias que muchas veces no son escuchadas. ¿Quién les asegura que alguna vez esos tipos con los que conviven terminarán entre rejas o alejados por órdenes de restricción? ¿Qué ley las ampara? ¿Quién las cobija luego? ¿Dónde se quedan? ¿Qué hacen con sus hijos? Porque muchas veces hablar de violencia de género es hablar también de violencia familiar, de niños golpeados, de niños abusados…
No voy a seguir hablando de estadísticas, de razones, de causas o de soluciones, no tengo la preparación adecuada, aunque sí los conocimientos suficientes como para opinar, y la suerte de poder estar acá escribiendo. Solo me quiero referir a que esta mañana, mientras comía mis cereales e intentaba despertarme, además de algunos crímenes, robos y abusos (los típicos de todas las mañanas), el noticiero también reportó la historia de una obra social cordobesa estatal que desde hace unos meses está haciendo algo. Sí, alguien lo tenía que hacer, ¿no? Y aunque quizás no quite el problema de raíz, se ocupa de lo que viene después, de la contención, uno de los puntos importantes en todo este asunto.
Junto con las dependencias provinciales de Salud, Justicia y Desarrollo Social, esta obra social presta  entre sus servicios, además de cubrir análisis de sangre y radiografías como todos los demás sistemas de salud, una asistencia integral a la víctimas de violencia de género. ¿En qué? No solo en salud, también en todo lo que respecta a la asistencia social y jurídica. Abogados, psicólogos y especialistas en estos temas que trabajan con las mujeres y sus hijos, pero también con aquellos señalados como victimarios, para trabajar sobre los problemas y las soluciones. Sobre todo garantizan dinero y hospedaje a las mujeres que denuncian, que ingresan a un hospital golpeadas, que deciden irse de sus casas, escapar del infierno, dos motivos que muchas veces son los culpables de que las mujeres no puedan escapar de este círculo vicioso que es la violencia en el hogar.
¿Qué les parece? Nada mal, ¿no? Todo es cuestión de iniciativa, en este caso del estado de una provincia argentina, de solo una. ¿Cuántas provincias teníamos? Ah… está bien. Es un largo camino, pero es un comienzo, después de todo. 
Para quién se quiera informar más sobre la violencia de género, La Casa del Encuentro trabaja incansablemente por este y otros problemas que aquejan a la mujer.
Debora Dora
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Debora Dora

Escritora, correctora y soñadora. Se inició en el sitio web Las Amazonas y mirando The L Word. Creadora de Deborarte, fanática de las series y el cine. Buscadora anónima de subtexto lésbico. Peter Pan eterna...
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Comments (3)

  • Anonymous

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    >todo bien con estos temas pero no la bajeeeees

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  • Anonymous

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    >Muy buena nota como siempre, es hora de que las autoridades tomen serias cartas en el asunto sobre la violencia de genero y que al tipo violento se lo señale y encarcele si es preciso ya que es un sujeto peligroso para su familia y para la sociedad toda! las mujeres que sufren la violencia de genero necesitan mas ayuda, necesitan hogares a los cuales acudir en caso de necesidad. Ojala en nuestro pais el tema se tomara con mucha mayor seriedad.

    Darklisa1984

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  • Anonymous

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    >Por favor podrian escribir sobre
    Olivia Wilde kreo k de verdad seria interesante

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