¡EL ROSA APESTA!

Written by Debora Dora. Posted in Desgenerando Espacios, Feminismo in your face

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Lo voy a “decir en voz alta”, por si alguna todavía no lo supone: EL ROSA APESTA. Sí, señoritas. El rosa fue un color que odié toda mi infancia. ¿Me parecía feo? No lo sé, lo que sí sé es que no me veía del suelo (y ojo a la que haga el más mínimo comentario referido a mi estatura actual) y ya había declarado mi desagrado hacia ese color. Así que a partir del momento en que me pude revelar contra mi madre, dije: “no más rosa para mí”. Junto a eso se fueron los set de maquillaje infantiles y las polleras con volados, así como también los vestidos.
¿Por qué no me gustaba? Bueno, eso está muy claro: el rosa es el color de la feminidad. Por supuesto yo no tengo nada en contra de las féminas, soy una de ellas y amo a las mujeres en general, pero nunca soporté demasiado todo lo que esté asociado al género femenino, esa construcción social que dice que la mujer es el sexo débil, que la mujer debe lucir bonita y apetecible para encantar al caballero, que debe lucir como un objeto y quedarse quietecita y calladita y soñar con ser una princesa y que alguien millonario la despose para luego convertirse en una incubadora de mocosos. Sí, eso que se enseñaba en otra época y que hoy, aunque en muchos casos parezca una locura, son mensajes subliminales que mandan la televisión, las publicaciones gráficas y también los juguetes, algo que realmente me preocupa.
Y como para mí, durante mis años mozos, el rosa estaba ligado a la debilidad, a la nena que se queda sentada con las piernas cruzadas mientras los varones corren y se ensucían, al color de las cajas de muñecas y del esmalte de uñas y de las remeras y de las polleras y de los extensos elementos que nos quieren hacer consumir desde pequeñas, es que comencé a detestarlo.
Mi color preferido es el azul, siempre lo fue, aunque tengo épocas donde otros colores me han llamado la atención, pero quisiera saber si esa atracción que siento en general por el azul francia seguiría existiendo si el azul fuera el color destinado a la mujer.
Está bien, las mujeres usamos azul y celeste cuando empezamos a comprar nuestra propia ropa, mientras que en los últimos años los hombres ya no tienen verguenza de salir a la calle con prendas rosas, algo que en otra época les hubiese valido una buena golpiza, pero ¿por qué seguimos comprando batitas celestes para los varones y rosas para las nenas, y reservamos las blancas, las verdes y las amarillas para cuando los padres de un niño por nacer aún no saben el sexo de la criatura? ¿Desde cuándo el amarillo patito se ha convertido en un color neutro? ¿Y en qué momento a algún desgraciado se le ocurrió que el rosa es el color de la mujer? ¡Por favor!
Ojo, en general el rosa no me desagrada, depende las circunstancias… claro está, lo que antes me ponía de los pelos, ahora es pasable. Sí, cuando era chica agradecía con educación un regalo de ese color, regalo que quedaría confinado a algún cajón; hoy en día la gente que me conoce no me regalaría nada rosa, pero tampoco se sorprendería si me viera con algún atuendo de ese color. Es que la realidad es que en mis tempranos veinte me reconcilié con mi feminidad; me llevó tiempo, pero aprendí a resignificar el valor de la mujer, aprendí a dejar de lado la imagen que otros construyen alrededor de este sexo, me olvidé de las cosas impartidas y hoy me río de ellas, las cuestiono (el principio del feminismo), las miro con otros ojos, entonces el color rosa pasa inadvertido, hasta que me topo de cara con él y ahí sí que se arma la podrida.
Lo que le sucedió a Abi y a Emma Moore, dos gemelas londinenses que ya están pisando los cuarenta, no es más de lo que les puede suceder a muchos hombres y mujeres que se ven con la necesidad de entrar a una juguetería o a un negocio de ropa para chicos, con el fin de adquirir algún regalo para hijos, sobrinos, nietos o lo que sea… De hecho, no vayamos muy lejos, basta con sentarse en una plaza y observar durante horas los areneros: problamente vean varios varoncitos corriendo, alguna que otra niña, también, y decenas de malavaviscos, sí, malvaviscos, o podríamos decir “niñas vestidas una igual que la otra, de rosa y blanco o de blanco y rosa o siemplemente de rosa”. Ustedes eligen…
Es fácil saber al ingresar en una juguetería dónde encontrar algún juguete ideal para nuestra sobrina: sí, guiénse por el color rosa. De pronto, si no lo hace la estantería o la alfombra o incluso la pared, todos los productos que se ofrecen en ese espacio nos indican a través del rosa para quiénes están destinados esos objetos, así que es fácil decirlo, ¿a quién se le podría ocurrir comprar un juguete para Daniel, el terrible en ese lugar?
Pero lo que hicieron las hermanas inglesas, a diferencia de muchos de nosotros es tomar cartas sobre el asunto, y se aseguraron de que ninguna de ellas fuera rosa. PinkStinks es la campaña que lanzaron al darse cuenta de que no querían que sus niñas crecieran rodeadas por juguetes y ropa de ese color, no porque el color fuese feo, por supuesto, sino por todo lo que este conlleva.
¿Dónde quedaron los juguetes propiamente dichos, los que no llevan color ni sexo determinante? ¿Los unisex, digamos? Aquellos juguetes que son para todo el mundo, con los que hemos crecido millones de niños y niñas alrededor del mundo, juguetes que no diferencian roles sociales previamente estandarizados, que nos ayudan a realizarnos como personas, que nos ayudan a soñar con que podemos lograr cualquier cosa que nos propongamos.
Nunca quise ser una princesa, ¡las princesas son aburridas! A menos que luchen contra dragones y rescaten al príncipe de la mazmorra, las princesas apestan. ¿Quién quiere quedarse todo el día encerrada en el castillo, vestida de rosa, y preparándose para el baile de máscaras, cuando podemos estar fuera, nadando en el lago, viviendo increíbles aventuras en el bosque? ¡Por favor! ¿Qué cuentos les están contando a estas niñas? ¿Con qué les lavan el cerebro para que cuando sus padres les compren ropa, les exijan que todas las prendas sean rosas como las de las princesas? Perdón, pero a mí me da terror.
¿Por qué las cajas del Lego ahora vienen en rosa para las niñas? ¿Por qué los Playmobil más aburridos eran los de la cajita rosa? ¡No! ¡No quiero jugar con el castillo encantado y la casa de muñecas! ¡Vamos con la nave espacial y la estación de servicio, o el genial circo (que aún poseo)!
¿Les parezco radical? ¡Lo soy! Pero debo darle una batalla personal al color rosa cuando no encuentro un solo juguete que no implique maquillaje, muñecas, planchas, cocinas y escobas. Entonces, Señor Color Rosa, no tengo más para decirle, permanezca vigente hasta que algún día sea desterrado finalmente de sus dominios. Mientras, yo seguiré comprando rompecabezas y otros juegos de mesa que eludan la diferenciación de sexo y no impongan roles a nuestras líderes del mañana…
¡He dicho!
Si alguna se quiere adherir, PinkStink por supuesto tiene página en Facebook.
Debora Dora
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Debora Dora

Escritora, correctora y soñadora. Se inició en el sitio web Las Amazonas y mirando The L Word. Creadora de Deborarte, fanática de las series y el cine. Buscadora anónima de subtexto lésbico. Peter Pan eterna...
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Comments (6)

  • Camila

    |

    >Jajaja… a mi tambien me aterra el rosa y son los mismos motivos que los tuyos los que me hacen huir de él… Y eso que ya me han dicho que me queda bien! jajajaja!!!!!
    Maldito rosa sexista!

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  • noe

    |

    >coincido con ustedes, como odiaba de chiquita tener que oir "tenes que elegir el rosa xq no sos un varon" cada vez que me gustaba alguna prenda de color azul…me acuerdo de eso y me surge una rabia terrible!!

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  • yovanu

    |

    >¿Y porqué todavía al momento de seleccionar juguetes para regalar, van los autitos para los nenes y las muñecas para las nenas?
    Aún hoy,con padres de mi generación,supuestamente más progres y modernos,sigo viendo lo mismo, no hacen más que perpetuar el mismo mensaje que hemos recibido nosotras y todas las generaciones anteriores. Ha corrido mucha agua bajo el puente, hoy la mujer en algunos aspectos está más liberada, pero falta muchísimo, y lo más importante, que sea la misma mujer la que empiece masivamente a desafiar esta especie de status quo, porque cuando veo a las madres jóvenes de hoy, veo que siguen trasladando a sus hijos e hijas el mismo modelo en el que fueron criadas.

    Saludos!

    pd: el rosa me empezó a gustar de grande, de chica también lo detestaba.

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  • DEBORA DORA

    |

    >Veo que quedamos todas medio traumadas, jajaja.
    Sí, Yovanu, muy de acuerdo con lo que decís, como ya desde chicos nos van llevando para el lado que ellos quieren, no? Si te fijas en la nota hay un link que lleva a un texto mío, algo más viejo, donde escribo sobre el tema de los juguetes sexistas, también en el marco de una campaña para combatirlos.
    Saludos!

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  • vero

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    >odio el rosaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!
    es mi lucha diaria desde que nació mi última sobrina.. desde el primer día si le tengo que regalar ropa dejo el rosa de lado, porque la pobre nena lo único que no tiene rosa es el nombre gracias a dios. jajajajaja

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  • SVS

    |

    lo siento pero yo si quiero ser una princesa! si quiero ser Xena la princesa guerra!! mi idola!

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