El coming out interminable

Written by Debora Dora. Posted in Ser homo HOY!

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Hace unas semanas se me ocurrió algo reeeeee bueno para escribir. Me dije a mí misma: “Mí misma, de esto tenés que escribir hace un montón, así que qué te parece si…”. Pero claro, con algo me habré distraído en ese momento, porque se me olvidó lo que quería decir… ¿Habrá sido Tatiana? ¿Las “SwanQueen”? ¿El culo de Tatiana? (ah, sí, sí, su culo es toda una entidad). En fin, si bien me olvidé qué es exactamente lo que me estaba preparando para escribir, sí recuerdo cuál era el tema central. Sí, es cierto que la edad me está afectando, pero no para tanto.

Quiero hablar sobre coming out, porque sé que en ese momento en que la idea repentina me cacheteó, pensé que jamás habíamos escrito sobre el tema. O al menos no que yo recuerde (los años no vienen solos). Y además ya varias chicas nos han pedido que hagamos alguna nota al respecto, pero el tiempo pasa y bueno… van quedando temas pendientes.

El problema con el coming out es que cada experiencia es personal. Sí, obvio que podríamos armar una guía general sobre “Cómo salir del clóset y no quedar enganchada en una percha”, y podríamos cotejar situaciones y visualizar cómo sería el resultado de ese experimento, pero sería muy poco personal y casi estereotipado pensar cómo se comportaría cada una y cómo se sentiría en ese momento, o delinear cómo reaccionarían los destinatarios de ese mensaje. Tampoco tengo ganas de nombrar las posibles etapas por las que puede pasar una madre que se entera que su nena es torta. No creo que todas transcurran por la negación o por la culpa ni quieran desestimar esa idea que nosotras ya tenemos formada, porque es nuestra identidad, es lo que somos, es lo que nos gusta, y… ¿cómo cambiarlo?

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Creo que la pregunta principal aquí es: ¿Qué es el coming out? ¿A qué nos referimos realmente cuando decimos “quiero salir del placar” o “me sacaron del clóset sin previo aviso”?

Algunos piensan que la salida del ropero o el “declararse” (horrible término para referirse a esto) lesbiana es algo único e irrepetible, algo que se hace una sola vez: se toma coraje, se inspira, se mira a los ojos al interlocutor o al grupo que nos escucha atento y de pronto se lanza ese discurso que tenemos preparado desde la primera vez que nos hicimos el corte de pelo de Ellen Degeneres. Hay aplausos, personas que gritan “yo lo sabía”, palmadas en la espalda, levantadita de hombros, caras de asombro o ceños fruncidos, y en el peor de los casos, amenazas y exilio.

Sí, esto puede pasar, puede que decidamos decir que somos gays en la cena de Navidad, en el aula frente a nuestros compañeros de curso, por megáfono en el medio de la calle en pleno barrio o en un escenario frente a miles de espectadores (con una genial remera, claro está). Pero en realidad, con una mano en el corazón, que me digan las chicas que están leyendo esto y que ya están out… ¿cuántas de ustedes anunciaron su elección sexual ante un público masivo?, ¿cuántas lo publicaron en el diario, fueron a un talk show o aprovecharon el casamiento de la prima lejana para juntar a todos los parientes y gritar al mundo “soy lo que soy”?

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Si me preguntan mi opinión (y si no… ¡también!), debo decir que no creo que el coming out sea uno solo, ni que sea una situación única y definitiva. Si les tengo que aconsejar algo, pastelitos amigos, es… acostúmbrense, la lesbiana actual nunca termina de salir del clóset.

No, no se asusten… Déjenme explicarles…

Corría el año 1242, el cielo era púrpura y los dragones dominaban las colinas… Ok, no, no fue hace tanto, pero pasó un tiempo largo ya desde que me tocó salir del clóset. Me agarraron con las manos en la masa (por así decirlo) y confesé. Confesé porque quería hacerlo, porque nunca me pude mantener en secreto y porque ya era hora de que mi familia supiera que mi fascinación por Laura Novoa, Winona Ryder y Christina Ricci no era simplemente una admiración platónica.

Cuando conté mi verdad, cuando expliqué mi situación, sentí que me sacaba un peso de encima. Fue una sensación de adrenalina constante que duró unos cuantos días, y después mi corazón se calmó y vi cómo sería todo de ahí en más.

Hablo de mi salida del clóset con mis viejos, mi tía, mi abuela; las personas más cercanas ya lo sabían, ahora podía respirar tranquila. Eso fue exactamente lo que sentí, sin importar las repercusiones del notición. Ya estaba, ya había arrancado la curita de un tirón.

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Ojo… antes de ese momento podría decir que también había hecho algún que otro coming out: amigos de la secundaria, amigas de la universidad, mi futura novia, algún compañero perdido que notaba que yo empezaba a hablar con libertad sobre mujeres y que no era tímido para preguntar. Ya había gente que lo sabía, yo estaba segura, entonces… ¿Por qué considero que mi salida del clóset fue recién en ese determinado momento con esas personas en particular y no la primera vez que dije que me gustaba una chica a mi entonces mejor amigo, luego de haber ido al cine a ver American Pie y sin poder disimular cuánto me había gustado Mena Suvari en vez del grandote que sale con ella en la película?

Para mí (y digo para mí, porque este es un relato en primera persona y no creo poder ser referencia de nadie) el coming out propiamente dicho es aquel que te hace caminar por la calle sin miedo, el que decís: “ya está, ahora que se entere hasta la Reina de Inglaterra, no me importa, ya no tengo nada que ocultar”.

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Es ese momento bisagra; para algunas puede ser la madre o el padre o ambos, o toda la familia, o el cura párroco del pueblo, no lo sé, pero es esa/s persona/s que una vez que lo sabe/n ya está, no hay nada que ocultar, no hay que caretearla más diciendo que en vez de Paula tenés una “pareja” que se llama “Pablo”; ya no tenés que cuidarte de los pronombres, ni hacerte la que te encanta el actor desconocido que eligieron para interpretar a protagonista de 50 shadows of Grey cuando hablan tus amigas, y menos recurrir a las excusas para no ir a esa cita a ciegas que tu compañera de trabajo te quiere concretar con su hermano menor porque piensa que estás soltera o… que te gustan los hombres, pero que si no te apurás te vas a quedar para vestir santos… ¡Qué horror!

Ahora… como decía antes, jamás terminamos de salir del ropero, por así decirlo. Puede que ahora tu familia lo sepa, y también tus amigos y, quizás, incluso los amigos de tus amigos (si son como algunas de mis amigas que están re felices de tener amigas pasteleras y se enorgullecen de saberte libre, así que se lo cuentan hasta a las palomas), pero lo cierto es que el resto del mundo aún no lo sabe. ¡Qué calamidad! ¿Y saben ustedes qué le encanta al resto del mundo? Sí, ¡etiquetar!

En mi caso, en la Argentina, todo el mundo asume que soy heterosexual, católica y K (o sea, seguidora del partido político que gobierna actualmente el país donde vivo). Digo… ¿por qué pensar diferente?, ¿por qué suponer que quizás no vaya a la iglesia, o que no comulgo con el gobierno de turno o que no me van a gustar los hombres como a todas las demás? ¡Pero si soy de sexo femenino!

El prejuicio es justamente eso, es pensar, suponer o hablar antes de saber, de conocer, de darse espacio (y tiempo) para conocer a alguien en profundidad sin juicios de valor apresurados, sin quedarse solo con la imagen, con lo que proyecta, con lo que se puede suponer por vestimenta, comportamiento o portación de cara.

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Entonces… es lógico que nuevamente tengamos que pasar por otra salida del placar. En algunos momentos no molestará que alguien te piense hetero o seguidora del Papá (porque ahora como es argentino es imposible que el ex arzobispo de la ciudad de Buenos Aires no te simpatice, aunque nadie se pare a pensar que quizás vos seas judía o evangelista o mormona o yo que sé…), o que se quede pensando por qué llevás de la mano a otra chica. No sentís la necesidad de aclarar, o de “declarar”; no te importa. Pero en la vida siempre nos terminamos cruzando con nueva gente que sí queremos que forme parte de nuestro día a día y entonces se viene de nuevo ese momento, no tan terrible, pero siempre un poco desconcertante según el grado de importancia que le otorguemos. Y pasa lo mismo más adelante, ya sea en el estudio, en el trabajo, con nuevos amigos, con vecinos y yo que sé, con esa tía del campo que hace mil que no ves y que ahora se le ocurre apretujarte los cachetes y preguntarte “¿para cuándo un noviecito?”.

¿Es malo? ¿Es bueno? No lo sé, quizás si la tortez se te sale por los poros nadie pregunta y simplemente suponen al revés, que es imposible que te gusten los chicos, pero la verdad es que a veces pudre un poco eso de tener que aclarar o de definirte ante otros que ni conocés, o dar tu opinión libremente y que te miren sin entender.

Insisto, las salidas del clóset son eternas, y lamentablemente por ahora, en los tiempos que corren, hay que acostumbrarse. Quizás en un futuro todo esto que para nosotras es “normal” (porque lo es) se convierta en algo tan común y sin importancia que nadie pregunte nada, o quizás se vean obligados a preguntar, porque eso querrá decir que nadie andará presuponiendo…

Hasta ese día… espero que me cuenten sus propias experiencias. ¿Se animan?

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By @debora_dora

 

 

 

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Escritora, correctora y soñadora. Se inició en el sitio web Las Amazonas y mirando The L Word. Creadora de Deborarte, fanática de las series y el cine. Buscadora anónima de subtexto lésbico. Peter Pan eterna...
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Comments (5)

  • Mar Lopez

    |

    La verdad es que estoy de acuerdo en tu tesis (jajaja) el salir del closet es una cosa que tendrás que hacer toda tu vida, nunca terminas de salir al 100% del closet.

    Yo soy lesbiana desde que tengo uso de razón y apenas a mis 30 años decidí llevar la vida que quería y como la quería a mis 35 vivo sin darle explicaciones a nadie así que solo unas cuantas personas saben que soy lesbiana, a mi familia nunca les he dicho, pero supongo que a estas alturas de la vida ya se lo imaginan porque nunca he escondido a mi novia, de hecho la lleve a la casa y se la presente a mi madre y a mis hermanos y la atendí como si estuviéramos solas en casa, no se si en algún momento se los llegue a contar pero de la manera como vivo es muy bueno para mi.

    Saludos

    Mar López

    Reply

  • Carmen

    |

    Mi caso es un tanto diferente, yo soy bisexual desde que tengo noción,al igual que la homosexualidad no es una elección sino cuestion de afinidad. el coming out es un proceso diferente pues comunmente se confunde la bisexualidad con promiscuidad. En lo particular he llegado al punto en que solo soy yo, en que ya no me esfuerzo en convencer o hacer entender a alguien que es algo normal y no enfermizo

    Reply

  • EDITHE CHA. MOR.

    |

    Yo a mis 41 años nunca he salido del closet y pienso que ya no tiene caso a estas alturas de mi vida, porque siempre he tenido la libertad de hacer lo que yo quiero; aparte a mi me va bien lo que dijo el divo de Cd. Juárez, Chihuahua, México: Juan Gabriel “lo que se ve no se pregunta” ….. a mis cinco parejas que he tenido, a todas se las he presentado a mi mamá y de hecho ella misma les decía: vengan cuando quieran y quédense aquí en la casa, con mi hija, para que no esté solita, jajajajajaaaa…. aaaayy mi mamá por eso la adoró tanto, ella lo saaabeeee!!!.

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  • Anónimo

    |

    Pues yo me encuentro en una situación de coming out obligatorio y es por eso que me da un cierto punto de bronca sentir la necesidad que tiene la gente de saber si te gusta algo diferente a lo que les gusta a ellos, lo peor del caso es que es una de mis amigas. Sé que es medio impertinente, pero es que cada que la veo me pregunta, pero no en una plática “discreta” entre ella y yo, nooo, lo hace en frente de todos los amigos o no amigos que estén en las reuniones, y yo así pensando en qué pinche necesidad tienen las personas que ni siquiera conozco de las fiestas saber las dudas de mi amiga acerca de mis gustos, eehh?? ay es que es muy Finn lo que quiere hacer, y ya me está hartando.
    De verdad que no entiendo el querer saber si te gusta o no algo, es un fastidio a veces que la gente siempre te esté preguntando. Como dijera la compañera acá arriba lo que se ve, no se pregunta, ps no hay porqué preguntarlo si es re evidente no? pero aahhh como hay gente pendeja y que solo busca estar chingando!! jaja sí, estaba un poco enojada al escribir esto jaja

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  • Malala

    |

    Nunca!!! Cambie de doc y nuevamente sali del closet! YEAH!!!!

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