Aprender a hablar (By @JnrSophos)

Written by Las lectoras se animan. Posted in Desgenerando Espacios, Las lectoras se animan...

Compartime... Pin on PinterestShare on TumblrTweet about this on TwitterShare on Google+Share on FacebookEmail this to someone

Hoy tenemos un invitado especial, un muchachito muy poco parecido a los demás, que cuando me escribió esto me llenó de alegría, porque es raro encontrar más chicos de su edad como él, que reflexionen de esta manera sobre ciertas cuestiones de las que solo las mujeres no solemos hacer eco (y no todas…). Así que aprovechémoslo, y por supuesto espero sus comentarios, señoritas!!!

El otro día leí un tweet de @Debora_Dora en el que haciendo un guiño a sus lectores masculinos (en su mayoría la leen mujeres), nos nombraba de esa forma “lectores”, dejando de lado la proporción y apelando a la tradición patriarcal del idioma de utilizar el masculino para generalizar.

Hoy estaba hablando con una amiga, bromeando sobre un amigo que me insiste con que soy gay. Lo curioso (uso esta palabra porque no se bien como definirlo) fue que ella me dijo: “decile que pague por alguno, pero que a vos no te pervierta”. Y eso encendió mi alarma. Si una persona que tiene amigos gay (según sus propias palabras) considera el hecho de que me gusten los hombres como una perversión, ¿qué podemos esperar del resto? Claro que esto no lo dijo con intención, o al menos no lo razonó, lo cual me lleva a mi punto: ¿somos concientes del poder del idioma?

Actualmente, y después de mucha lucha y muchas tragedias, de movilizaciones y personalidades que apoyan tanto la liberación de la mujer y la igualdad de condiciones con respecto al hombre, como la libertad de elegir a quien amar (o seducir, o pasar la noche, o lo que les venga en ganas), se ha logrado un avance. Si bien aún hay mucha gente que considera la homosexualidad como un horror, un pecado o una enfermedad (siglo XXI y aún así de básicos), o la bisexualidad como una indecisión o un simple histeriqueo, que son generalmente los mismos que consideran que la mujer no puede hacer ciertas cosas (he tenido que escuchar a compañeros decir que la mujer no debería votar, o que deberían volver a la cocina), ya hay bastante gente que lo acepta. Sin embargo el idioma, nuestro medio de expresión y muchas veces de dominio sigue siendo un tema a considerar.

El hecho de que los hombres se sientan ofendidos cuando se los incluye en un plural femenino es un ejemplo de ello, a la vez que un hecho absurdo. ¿Cuántas veces hemos escuchado que un hombre insulta a otro tratándolo de mujer? ¿Por qué esto es un insulto? De igual manera se usa como insulto las palabras “gay”, “puto” o “marica”. ¿Es que acaso por tener una elección sexual distinta están menos calificados en algún aspecto?

Como se puede ver, desde el idioma también se crea a personas que consideran a la mujer y a los homosexuales (pido perdón si ciertos grupos quedan afuera, no es mi intención ningunearlos) como un ser inferior. Gracias a las publicidades podemos observar el poder de los mensajes subliminales, ¿somos conscientes de lo que esconde entre líneas el idioma?

Como parte de la cultura, es también una construcción social, y como tal está marcado por un pensamiento patriarcal. Si queremos generar un cambio real, debemos además modificar el idioma, enseñarles que el femenino no es un insulto, que ser homosexual no es una perversión. Si logramos esto, considero que habremos dado un paso importante en el camino de la igualdad.

By @JnrSophos

Las lectoras se animan

Las lectoras se animan

Nuestras lectoras también se animan en todas nuestras secciones...
Las lectoras se animan

Tags: ,

Trackback from your site.

Las lectoras se animan

Nuestras lectoras también se animan en todas nuestras secciones...

Comments (2)

  • Evil Brownie.

    |

    Interesante y absolutamente cierto.

    El problema, creo yo, va más allá de temas puntualizados. El idioma es bastardeado y parece que ya ni siquiera interesa cómo o de qué manera se habla/escribe mejor.

    Hace unos días, en pleno debate con el marido de una amiga, llegamos a una conclusión: antes existía el emisor y el receptor. Ahora pareciera que el mensaje depende exclusivamente del receptor. Es decir, hace unos años nos preocupábamos por expresarnos de la manera adecuada para que el otro pueda entendernos pero hoy por hoy alcanza con que el receptor comprenda el mensaje. Por eso no importa si la frase tiene sentido o está bien escrita/dicha, o si las palabras que utilizamos son correctas, desmedidas o mal aplicadas: si se entiende, alcanza.

    De ahí en más, es difícil pretender modificar cuestiones puntuales. Fijate lo que vos mismo decis: “no lo dijo con intención”. El mensaje de tu amiga no fue bien expresado porque utilizó un término erróneo para referirse a esa situación, pero vos lo entendiste perfectamente. Eso, para el otro, siempre alcanza. Es así como cuando uno dice “pero, pará, ser homosexual no es ninguna perversión” o “pero, che, tener color de piel oscura no te convierte en delincuente”, la respuesta recibida – en la mayoría de los casos – del otro lado es “bueno, vos entendiste lo que quise decir”.

    Lamentablemente el valor del riquísimo idioma que tenemos no es tenido en cuenta. Y partiendo de esa base, suena utópico que uno pueda modificar los “detalles” que su mala utilización provoca. Porque la gente no es consciente o no lo considera importante. Prueba de esto (para mi, claro) es la utilización casi cotidiana de términos tales como “negro de mierda”, “mogólico” o “puto” como insultos. Peeeeero… sabemos que “lo dicen sin intención de estigmatizar”.

    Saludo!

    Reply

  • Anonymus

    |

    Una reflexión muy buena e interesante, JnrSophos. Es un tema que últimamente es muy debatido y leer tu punto de vista me ha encantado, en especial porque creo que es muy sincero y que planteas muchas cosas que pocos se molestan en reflexionar. Me ha gustado esta nota :)

    Reply

Leave a comment

*